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Flowpiano: deixar-se consonar

Flowpiano: deixar-se consonar

El joven pianista valenciano Ricardo Andrés Tomás ofrece un proyecto cautivador entre la improvisación y la intimidad.

DÍDAC P. Lagarriga Barcelona  06/16/2016 12:00


Es difícil explicar la sencillez, narrarla. La palabra es puente, pero también puede erigirse como muro, obstaculizando llegar allí donde las cosas fluyen, donde son ellas mismas, esto es, sin necesidad de una palabra de más. La palabra es detonadora de imágenes y de ideas, refugio para escondernos ante el exceso de realidad. Cuando la palabra se calma, tiende a callar. Y escuchamos.

La música dicha instrumental -sin palabras- se adentra en esta escucha natural y artificiosamente humana a la vez, a medio camino entre el ambiente y el habla: una comunicación vibrátil que resuena bien adentro de cada uno. Cuando esta música instrumental se desnuda y un único instrumento habla, la intimidad puede llegar a ser más esencial, de tú a tú. Y qué etiqueta le sienta? Música de cámara, íntima y mínima: etiquetas que nos devuelven al ámbito de las palabras, de las ideas, de un significado que tiende a alejarnos de la escucha. Cada nota pide ser lo que es: gesto inmediato, efímero y emotivo, chispa sonora que se evapora. Pide también el vínculo con las otras notas, bailar en ella. Cuando un compositor deja la obsesión por componer y entra en este espacio de una forma a notas, de acompañarlas en su proceso de ser y no ser, merma la autoría, pero sale un resultado sorprendente por su serenidad. Dejamos arrinconado un esfuerzo por decir, para sobresalir, y disfrutamos de este ejercicio de atención frágil. Por lo menos, en el caso del pianista valenciano Ricardo Andrés Tomás.

“Música que me ayuda a acercarse a mí y que quizás te ayuda a acercarse a ti, porque en esencia no somos tan diferentes”, dice el joven músico, que detalla su proceso creativo: “Sentado al piano , en blanco, tranquilo, entregado al instante presente, sin saber hacia dónde me llevará la música, comienzo a tocar. La música aparece, observo como las notas fluyen por su propio movimiento y brota un profundo respeto por lo que sucede. Me invade la gratitud por el hecho de estar aquí, de tener el privilegio de vivir la magia de la vida a través de la melodía que surge del piano y de mi alma. Escucho, y todo fluye, refluye, influye, confluye, no hay espacio vacío, y en medio de este majestuoso movimiento todo se detiene, todo se calma, todo se aquieta en un solo acuerdo y el silencio se muestra tal como es “.

Trayectoria de larga vocación

En 2013 Ricardo Andrés Tomás decidió detenerse y hacerse un regalo después de un periodo inmerso en el diseño gráfico e industrial. Nacía el proyecto unipersonal Flowpiano y un primer álbum, Elogio a simple:

“Me ofreció la oportunidad de reducir la velocidad con la que viajaba por la vida, detener la mirada en ese instante y descubrir el brillo de la simplicidad. Durante ese proceso descubrí que lo más simple era no tratar de interpretar las piezas al piano, sino de respetarlas. Escuchar y observar cómo cada nota que surgía merecía todo el amor y el respeto de ser ella misma; tratar de no juzgarla, respetar su vida y su muerte y su lugar en la obra que se manifestaba “,

dice. Poner palabras a esta experiencia personal puede desvirtuar, pero si escuchamos el resultado final la explicación encaja y se simplifica. Entendemos todo el sentido de que implica lo que él llama “acompañante”, un modo de hacer que no se centra tanto en la noción de autoría como en la de un diálogo abierto con el piano, que él acompaña atento y falto de un resultado preestablecido.

Explica el Ricardo que de pequeño sus padres le regalaron un teclado eléctrico casi de juguete y, desde entonces, con este instrumento comenzó su sana obsesión. Cada vez que podía se compraba uno más grande hasta que, a los 18 años, su abuelo le regaló el piano que todavía utiliza. Aunque estudió piano hasta grado medio, su dedicación al diseño le hacía dejar la música en un segundo plano. Hasta que se hizo aquel obsequio que ha supuesto también un regalo para todos los que la escuche. En estos pocos años como Flowpiano ya ha grabado tres álbumes, todos autoeditados por él mismo y que vende directamente a su web. Poco más de un año después de sacar el ya citado Elogio a simple, llegó el segundo, Instante frágil, en el que quiso plasmar en el piano “una mirada hacia la fragilidad entendida como punto clave, de máxima potencialidad, de posibilidad “, como él mismo escribe en el libreto que acompaña el CD. Y añade:

“La fragilidad es, en realidad, nuestro estado natural. Quién soy, quien creo que soy, lo que soy, nace de este instante y vuelve. Este es nuestro pulso natural. Del mismo modo que una nube se forma y se disuelve en el inmenso cielo azul, no se aferra a la forma que tiene como nube, vive nube y se disuelve como nube, y ahí queda este bello espacio azul de posibilidad . Verse y disolverse en un instante frágil, inmensamente frágil “.

Un nuevo paso consonante

Estos días acaba de salir Consonantes, su tercer álbum, que financió gracias a una campaña de micromecenazgo:

“Vivimos rodeados de consonantes -escribe, como de costumbre, en las notas que acompañan el disco-, el sonido de nuestra respiración, el del viento entre las hojas de los árboles, el latido del corazón o el del agua en el fluir de un río, el rumor de las olas del mar y el sonido silencioso de las nubes en el horizonte, todo son consonantes que nos integran, nos abrazan al respirar la belleza del instante. Cada uno de nosotros somos la identidad, la vocal con la que nos identificamos. Cuando nos abrimos a escuchar, a diluir esta identidad en las consonantes que nos rodean, justo en ese momento nace una palabra, y la palabra adquiere un significado único y esencial para cada uno, un punto de unión entre la identidad y la totalidad; así las palabras narran una historia, nuestra historia personal. Respirar la belleza del instante más allá de cualquier historia personal, respirar la música silenciosa con la que consonante, abrazar y dejarse abrazar por la totalidad “.

Y entre grabación y grabación, unos conciertos cercanos que se llenan cada vez más de personas que quieren vivir la experiencia simple, frágil y consonante (para recoger las tres palabras clave de sus discos) de escucharlo escuchándose.


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DÍDAC P. Lagarriga Barcelona  06/16/2016 12:00

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