Humildemente especial…
Esto que escribo, te lo cuento, me lo cuento.
Al inicio de estos correos suelo poner algún artículo, punto de vista o reflexión con las que ando relacionándome desde que te escribí el anterior, pero hoy no me venía nada “especial” que compartir y me he dicho, pues cuenta eso mismo, no intentes disimular y poner cualquier cosa por poner. Empieza a escribir esto mismo. Que no tienes nada “especial” que contar.
Y curiosamente al escribir esto mismo, lo conecté con un pequeño escrito que a veces he compartido en algún concierto.
Punto 2 de los relatos “Lo que el piano me enseñó…”
«Nada es especialmente especial.»
Y el piano me enseño que… «En mi no existe el concepto de ser más o menos especial, no tengo notas especiales, pues cada tecla, está justo en el lugar que ocupa y el sonido que emite es justo el que le corresponde, todas descansan en la armonía y en el bello contraste de ser ellas mismas, así, sin más, sin adornos, simplemente siendo y estando donde les toca, para ser tocadas.»
Esto puede parecer un trabalenguas pero, estar donde te toca estar para ser tocado… caramba! qué bonito es de escribir y de decir, pero qué difícil es sostener la humildad suficiente que ello requiere.
Propongo que «lo de ser tocado» cada cual se lo lleve a su terreno, (a su significado) para mi es estar al servicio, ejercer la humildad al ser instrumento para «sonar» con tu sonido genuino en el lugar y momento que te corresponde, eres así de «humildemente especial» quizás sin motivo o mérito alguno, todos somos un único piano.
De jovencito escribí esta frase… Ser humilde es no querer ser humilde… y todavía sigo descubriendo qué quería decir con ella…
Que pases un día muy humildemente especial! 😉
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