nada es tan grabe, todo saldrá vien…

nada es tan grabe, todo saldrá vien…

Esto que escribo, te lo cuento, me lo cuento.

Me gustaría hoy compartir la siguiente reflexión:

Al igual que tenemos la capacidad de crear métodos para destruir la belleza y la armonía al contarnos cierta narrativa, también tenemos la capacidad de crear métodos para construir belleza y armonía al contarnos otra.

Y de estos últimos os quiero hablar. Uno de ellos es la lectura.

 

Poco a poco voy retomando el placer y el sosiego que genera la lectura, en unos años atrás esto lo había perdido de vista, mi mirada no estaba tanto en los libros ni en leerme con las palabras, pero últimamente se combinan muy bien el sonido de las mismas y el de las notas del piano, susurrando a su manera algo valioso que procuro recordar… nada es tan grabe, todo saldrá vien.

 

Quizás te duela leer esta dislexia intencionada entra la b y la v, quizás te haga gracia, quizás no, quizá te había pasado desapercibida, pero no hay duda que sonar, suena prácticamente igual, aunque ortográficamente sea incorrecto…. 

 

Me pregunto si hay métodos ortográficamente correctos en la música, no se de ese tema, mi experiencia con el piano se acerca más a descubrir cómo suena la belleza y la armonía en aquello que se despliega sin entrar en lo correcto o en lo incorrecto, siento que no lo necesita.

Procuro recordar y aplicar esto fuera del piano y reconozco que no siempre es fácil, bueno, casi nunca es fácil y en el piano tampoco.

Uno de los libros que leí en mi juventud fue el del «El Rostro Verde» de Gustav Meyrink y hoy tras una conversación muy creativa con una amiga, he querido traer este pequeño fragmento a este mail para compartir y recordar justamente esto, por si a ti también te sirve…  quizás lo importante no es tanto el cuadro terminado, si no la capacidad que todos tenemos de pintar belleza en el mundo, enriqueciéndolo, enriqueciéndonos, cada cual a su manera… con sus b´s y v´s que reconocen la armonía más allá de lo correcto e incorrecto.

Fragmento de «El Rostro Verde» de Gustav Meyrink.

(…) Comprendió que el hecho de crearse métodos y pretender servirse de ellos, era algo terrestre y transitorio, que lo valioso no era el cuadro terminado, como había dicho Pfeill, sino la capacidad de pintar.

Tras entender esto, la lucha por el dominio de sus pensamientos había pasado de ser un combate agotador a ser un continuo placer. Ascendía de grado en grado sin darse cuenta, hasta constatar un día con sorpresa que poseía la clave de un dominio con el que nunca hubiera osado soñar ni siquiera.

«Es como si hasta el presente yo hubiera estado rodeado por un enjambre de pensamientos similares a abejas que se alimentaran de mí»… 

 

«Ahora puedo alejarlos a voluntad y vuelven a mí cargados de ideas, como abejas cargadas de miel.

 

En otro tiempo me saqueaban, hoy me enriquecen». (…)

Querido amigo y amiga, relax, relax… que nada es tan grave y todo saldrá vien…

Que pases un bonito día, cargado de ideas, cargado de miel.

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